1.01. Sacerdotes y Profetas

El profeta es una persona llamada y calificada en forma sobrenatural como portavoz de Dios. En los tiempos del Antiguo Testamento:

Los sacerdotes eran los representantes del pueblo ante Dios (sus portavoces y mediadores). El profeta, en un sentido especial, era el representante oficial de Dios entre su pueblo sobre la tierra.

El oficio sacerdotal era hereditario. La designación de un profeta provenía del llamado divino.

El sacerdote, como mediador en el sistema de sacrificios, conducía a Israel en la adoración, aunque sus deberes secundarios incluían dedicar una parte de su tiempo a instruir al pueblo acerca de la voluntad de Dios como ya había sido revelada por los profetas, Moisés en particular. La tarea primordial del profeta era la instrucción religiosa.

El sacerdote se ocupaba mayormente de la ceremonia y los ritos del santuario (que se centraban en la adoración pública), en la mediación para el perdón de los pecados, y en el mantenimiento ritual de las relaciones correctas entre Dios y su pueblo. El profeta era principalmente un maestro de justicia, de espiritualidad y de conducta ética, un reformador moral con mensajes de instrucción, consejo, amonestación y advertencia, y su obra a menudo incluía la predicción de eventos futuros.

En el caso de Moisés, uno de los mayores profetas (Deut. 18:15), la profecía fue una función comparativamente menor.