6.03. Jeremías - Paternidad literaria - II

Jeremías vivía en Anatot (cap. 1: 1; 29: 27), hoy Anata, unos 4 km. al noreste de Jerusalén. Descendía de una familia sacerdotal (cap. 1: 1).

Su padre Hilcías no fue, sin duda, el sumo sacerdote del mismo nombre que descubrió el libro de la ley (2 Reyes 22:8). Se designa al padre de Jeremías como "de los sacerdotes", y no "el sacerdote" o "el sumo sacerdote".

El hecho de que Jeremías viviera en Anatot significa que quizá era descendiente de Elí y del linaje de Abiatar, a quien depuso Salomón del sumo sacerdocio.

Jeremías fue llamado al oficio profético aproximadamente en 627 a. C., el 13er año del reinado de Josías. Poco después Dios ordenó al profeta que predicara en Jerusalén (cap. 2: 2); pero no limitó su ministerio a Jerusalén, sino que llevó a cabo una gira de predicación por las ciudades de Judá (cap. 11: 6.

Cuando regresó a Anatot, sus conciudadanos se confabularon para matarlo (cap. 11: 18-23). Para escapar de estas persecuciones, parece que se trasladó a Jerusalén. Allí se atentó otra vez contra su vida.

Su osada predicación al principio del reinado de Joacim, hijo de Josías, de que el templo llegaría a ser como Silo, airó a los sacerdotes, a los falsos profetas y al pueblo de Jerusalén, quienes exigieron que Jeremías fuese muerto (cap. 26: 6-11). Sin embargo, los príncipes lo defendieron (cap. 26: 16).

Más tarde, cuando el ejército de Nabucodonosor levantó el sitio final de Jerusalén por un poco de tiempo, para hacer frente a la amenaza de la aproximación del rey de Egipto, Jeremías fue apresado cuando procuraba irse a Anatot (cap. 37: 11-15).

El profeta fue acusado de intentar pasarse a los caldeos, y de nuevo fue azotado y encarcelado. Esta vez, por poco pierde la vida en la mazmorra fangosa de Malaquías (cap. 38: 6), pero fue rescatado por Ebed-melec el etíope (cap. 38: 7-13). Sin embargo, Sedequías indudablemente lo mantuvo en la prisión, en donde quedó hasta que cayó Jerusalén (cap. 38:14-28).

Después del asolamiento de Jerusalén, Nabucodonosor libertó al profeta y le permitió que se quedara en Palestina o que acompañara a los cautivos a Babilonia (cap. 40: 1-5). Jeremías eligió quedarse con el remanente en Palestina bajo el gobernador Gedalías que acababa de ser nombrado (cap. 40: 6).

Después del asesinato de Gedalías, un remanente de los judíos capitaneado por Johanán huyó a Egipto en contra del consejo de Jeremías, llevándose al profeta consigo (cap. 42; 43).

Allí, en Tafnes, Jeremías predijo que Egipto sería invadido por Nabucodonosor (cap. 43: 8- 13), y dio su último mensaje de advertencia a los judíos que habían huido a ese lugar (cap. 44). Indudablemente fue en ese país extranjero donde llegó a su fin la carrera de este gran profeta.