13.04. ABDÍAS - Tema

El libro describe el castigo que ha de venir sobre Edom a causa de su crueldad con Judá durante un tiempo de crisis, y el triunfo final del pueblo y del reino de Dios.

Los edomitas eran descendientes de Esaú (Génesis 36: 1), el hermano de Jacob (Génesis 25: 24-26). La hostilidad que existía entre los edomitas y los judíos era extremadamente enconada, como lo son muchas veces las riñas familiares.

Esa hostilidad había existido por mucho tiempo. Se derivaba probablemente del incidente de la primogenitura (Génesis 25); recrudeció cuando los descendientes de Esaú negaron su permiso a los hijos de Israel para que pasaran por su tierra camino a Canaán (Números 20: 14-21).

Esa animosidad se hizo notar en las guerras que Saúl riñó contra los enemigos de su pueblo (1 Samuel 14: 47).

David tomó medidas severas contra los edomitas, matando a "todos los varones", y "por todo Edom puso guarnición", convirtiéndolos en "siervos" (ver 2 Samuel 8: 13-14; 1 Reyes 11: 15).

La discordia entre los dos enemigos siguió con el hijo de David, Salomón (1 Reyes 11: 14-22).

Durante el reinado de Josafat los edomitas, llamados los "hijos de Esaú, que habitaban en Seir" (Génesis 32: 3; 36: 8; Deuteronomio 2: 4-5), junto con los moabitas y los amonitas invadieron a Judá (2 Crónicas 20: 22).

La independencia que perdieron en los días de David la recuperaron en los días de Joram (2 Crónicas 21: 8-10).

La lucha entre Edom y los Israelitas se reanudó cuando Amasías de Judá atacó con éxito a los edomitas, tomando su fortaleza de Sela y matando a muchos de ellos (2 Reyes 14: 1, 7; 2 Crónicas 25: 11-12).

Estando sólo parcialmente subyugados, volvieron a atacar a Judá en el tiempo de Acaz (2 Crónicas 28: 17).

Cuando Jerusalén fue destruida por Nabucodonosor, los edomitas se regocijaron por las calamidades que sobrevinieron a Judá (ver Salmo 137: 7).

Después de anunciar la destrucción de Edom, el profeta se refiere a las promesas de restauración de Israel. La casa de Jacob "recuperará sus posesiones" (Abdías 17) y extenderá sus límites (vers. 19-20).