2.02. La interpretación de las profecías - III

Hablando en general, las promesas y predicciones dadas por medio de los profetas del Antiguo Testamento al Israel literal estaban sujetas a la obediencia y lealtad; eran condicionales.

Sin embargo, el pueblo rechazó el plan de Dios para ellos como nación, y lo que Dios quiso cumplir mediante el Israel de la antigüedad finalmente lo realizará por medio de sus hijos espirituales. (Por eso, muchas de las promesas de Dios originalmente hechas al antiguo Israel se cumplirán, en principio, en la iglesia cristiana).

Los planes y propósitos divinos indefectiblemente se llevarán a cabo: "Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero" (Isaias 46:10), aunque para satisfacer las nuevas condiciones se cambien los medios y los agentes con los cuales se realicen.

Cuando una persona o una nación rehúsa cooperar con el expreso propósito de Dios, renuncia a su papel en el plan divino y es descartada (Jeremías 18:6-10; cf Daniel 5:25-28).

Cuando los judíos rechazaron a Jesús, en ocasión de la crucifixión, Dios les quitó el reino y lo dio a "gente que produzca los frutos" del reino (Mateo 21:41-44; 23:36-38).

La iglesia cristiana, como la "gente" de quien habló Jesús, reemplazó a Israel en el plan de Dios:

"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia"(1 Pedro 2:9, 10).