5.02. Isaías - Paternidad Literaria - II

Durante unos 25 siglos no hubo duda alguna respecto a la paternidad literaria del libro de Isaías. Sin embargo, durante el siglo XIX, los críticos alemanes empezaron a poner en duda su unidad de origen.

La opinión de esos hombres siguió ganando terreno hasta que es casi universalmente aceptado el punto de vista de que el libro fue escrito por lo menos por dos autores, un Isaías I, que escribió los capítulos 1-39 y que realizó su obra a fines delsiglo VIII a. C., y un Isaías II, o Déutero- Isaías, que escribió los capítulos 40-66 hacia fines del cautiverio babilónico.

Hay varias versiones de esta teoría.

Algunos críticos asignan más de la mitad del libro de Isaías al período de los Macabeos, es decir, al siglo II a. C.

Uno de los argumentos principales de estos críticos a favor de una doble paternidad literaria de Isaías es que los capítulos 40-66 no parecen haber sido escritos desde el punto de vista de un autor de fines del siglo VIII a. C., sino por un autor que vivía cerca del fin del cautiverio babilónico.

La mención de Ciro por nombre (cap. 44:28; 45:1) es considerada por ellos como una evidencia concluyente de que estos capítulos fueron escritos durante el tiempo de Ciro; es decir, durante la segunda mitad del siglo VI a. C. Por supuesto, este concepto está basado en la hipótesis a priori que la presciencia profética es imposible.

Sin embargo, el hecho de que Isaías mencione a Ciro no es un argumento a favor de una fecha posterior para el libro, sino más bien una evidencia de la sabiduría y presciencia de Dios.

A lo largo del libro hay predicciones concernientes al futuro. Entre estas se encuentran las profecías de la caída de los gobernantes de Israel y de Siria (cap. 7:7-8, 16), del derrocamiento de Tiro (cap. 23), del espanto de Asiria (cap. 14:25; 31:8; 37:6-7, 29, 33-35), de la humillación de Babilonia (cap. 14:4-23), de la insensatez de confiar en Egipto (cap. 30:1-3; 31:1-3), y de la obra de Ciro (cap. 44: 28; 45: 1-4).

En realidad, Isaías exalta la presciencia de Dios como un elocuente testimonio de su sabiduría y poder (cap. 41:21-23; 42:9; 43:9; 44:7-8; 45:11, 21; 46:9-10; 48:3, 5-8).