8.02. Ezequiel - Paternidad literaria

Hasta años recientes la autenticidad y canonicidad del libro de Ezequiel no había sido objeto de serios ataques. Sin embargo, los eruditos conservadores, así como muchos de la escuela más rigurosamente crítica, aún mantienen la posición tradicional de que Ezequiel mismo fue el autor de la compilación de los pronunciamientos proféticos que ahora lleva su nombre.

No se conoce nada de la historia personal del profeta, salvo lo que puede conocerse por el mismo libro y por las circunstancias de los tiempos en que vivió el autor. No se lo menciona en ningún otro libro del AT, y sus escritos nunca son citados directamente en el NT (con la excepción, quizá, de 2 Cor. 6: 17), aunque existen muchas alusiones a sus símbolos, especialmente en el Apocalipsis.

Fuera de la Biblia sólo es mencionado por Josefo (Antigüedades x.5. 1; 6. 3; 7. 2; 8. 2), y por Jesús hijo de Sirac (Ecco. 49: 8), aunque ninguno de los dos añade ningún detalle de importancia.

Ezequiel se llama a sí mismo "sacerdote, Ezequiel hijo de Buz" (cap. 1: 3). Nada se sabe de Buz. El hecho de que Ezequiel fuera incluido entre "todos los príncipes, y.. todos los hombres valientes" (2 Reyes 24: 14) que fueron llevados al cautiverio junto con Joaquín (597 a.C.; Eze. 1: 2), indica que quizá fue miembro de la aristocracia de Jerusalén.

No se sabe con exactitud la edad de Ezequiel cuando fue llevado cautivo. Algunos sugieren que "el año treinta" del cap. 1: 1 podría referirse al trigésimo año de su vida. De ser así, habría tenido 25 años en el tiempo de su exilio. Según Josefo, el profeta era entonces joven (Op. cit. x. 6. 3). Parece deducirse que era por lo menos relativamente joven en ese tiempo, porque una de sus profecías data de 27 años más tarde, o sea en 570 ó 571 (29:17), e indudablemente ejerció su oficio por algún tiempo más.

A diferencia de Jeremías, que se quedó soltero (Jer. 16: 2), Ezequiel tuvo una esposa a quien quería como el deleite de sus ojos (Eze. 24: 16). Ella murió repentinamente en el noveno año del cautiverio (cap. 24: 1), y dejó al profeta solo ante las grandes pruebas de su oficio profético.